
Amar

Una forma poética de mirar
lo invisible en lo sensible.




Y entonces la experiencia se vuelve cuerpo,
la magia - vida,
y el tiempo - sensación.
Lo que se vuelve visible porque se siente - sin explicar
solo existiendo tal como llega.
Mirar sin disfrazar,
sin esconder,
sin trazar lo invisible.
Y es en el cuerpo donde todo comienza.


Mostrando capas tan finas dentro del cuerpo - donde vive la historia, donde se traza, donde se siente.
Una mujer que habita.
Este momento se crea para descubrirse en tres días, no desde el número que determina el tiempo vivido, sino desde la forma en que elegimos sentir el mundo.
Nombrar aquello que en esencia ya se habita:
la magia del cuerpo, el movimiento del día a día y la palabra que se descubre como conjuro, sin fragmentar el misterio de vivir.
Nombramos lo que ya está vivo.



Descubrir una práctica como algo más íntimo que una ceremonia. Un acto tan simple como preparar un té, compartirlo, se vuelve una experiencia vivida más allá de un proceso.
Aparece como una forma que no sostiene - sino que enraíza - los momentos que son precisos en la vida.
Alberga algo que va más allá del acto de beber.
La experiencia de vivir la hoja como una expedición donde, tal vez y solo tal vez encontremos más de lo que ya buscábamos.
Japón nace del té, no como ceremonia, sino como una manera de aprender a habitar la vida: sostener, observar, beber despacio, seguir.
La expedición no muestra formas; abre un trazo para que cada persona encuentre, a su tiempo, su propio sentido de la hoja.
Incluso con quien compartimos el momento.
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El camino no siempre se entiende, pero siempre se siente.
He sido mil mujeres diferentes, escribió Emory Hall.
En cada una reconozco un rastro.
He habitado roles, sembrado preguntas y encontrado sentido incluso en lo que no se puede comprender.
Crear AMAR fue un acto natural:
una fuente cotidiana, práctica y viva para
sostenerme sin alejarme o invisivilizarme.
Aún devengo, pero aquí estoy. Como tú.
- Itzel
